Experiencias de colegio

Mis padres tampoco se ponían de acuerdo en la elección del colegio. Papá quería mandar a sus hijas a una escuela del estado. A mamá le gustaba un colegio privado y religioso.  

 En jardín y en primer grado fui a una escuela estatal cerca de casa. Cuando iba a pasar a segundo grado mis padres se separaron (tampoco se ponían de acuerdo en otras cosas) y mamá nos anotó en un colegio religioso, francés, muy exclusivo, y consiguió que nos becaran.

La enseñanza era muy buena, y las monjas también, pero mis compañeras… Es que yo era un bicho raro: rebelde, malhumorada, pobre y con padres separados (una rareza para la época). A mí, muchas chicas me parecían burlonas, malcriadas y agrandadas. Por no decir insoportables.  

“¡Ni pueden comprarle lápices de colores Staedtler! ¿Qué hace Marita en este colegio?”, pensaban.

Yo también me preguntaba ¿qué hago acá? Y empecé a preguntarme ¿por qué no me voy?

En primer año mamá decidió ponerme interna en un colegio, como una especie de “penitencia” por mis rebeldías y mi malhumor. Pero yo leía libros como “Las mellizas O’ Sullivan” y “Las mellizas cambian de colegio”, de Enid Blyton,  sobre lo bien que la pasaban las alumnas de un internado, así que ir pupila a un colegio fue una alegría y una liberación.

Me equivoqué por completo, porque el nuevo colegio era muy severo, había que estudiar muchísimo y  también trabajar: ordenar y limpiar el pupitre, hacerse el cuarto, levantarse al alba… Y lo peor era comer coliflor, repollo, porotos y otras comidas sanas que a mí me asqueaban (hasta hoy no puedo probarlas).

Lo mejor de este colegio fue mi grupo de compañeras. Allí conocí chicas sencillas, buenas, solidarias y, además, inteligentes. Nadie se burlaba de mis útiles baratos ni de mis libros comprados de segunda mano (otra rareza para la época). Las chicas me querían igual, aunque estuviera de malhumor y me rebelara contra normas que consideraba injustas. “¿Por qué tengo que comer zanahoria hervida, si la detesto?”. “Damela sin que te vean, a mí me gusta”, se ofrecía una chica que compartía mi mesa. Y era tan divina, que me pelaba la mandarina porque yo no podía soportar el olor que me quedaba en las manos. 

Marita y sus compañeras de colegio

Marita y sus compañeras de colegio pupila

Todo sirve. En los tres años que pasé pupila en un colegio aprendí a estudiar y fui muy buena alumna. También empecé a escribir una novela policial y leí libros increíbles de la biblioteca.

Además, las compañeras de esa época me sirvieron de inspiración para escribir mi última novela Enredos de colegio.  Así nacieron personajes como la rebelde Alicia, las tremendas mellizas Berconi, la alocada Elena, aunque a las insoportables Delia y Estela, las tomé prestadas  del colegio anterior. También usé situaciones vividas: un encuentro-flechazo en la Feria del libro escolar, una obra de teatro, las pruebas sorpresa de la temible profesora de geografía y muchos otros enredos típicos del secundario en cualquier época.

Hoy mis lectores me preguntan si las cosas que cuento en el libro realmente pasaron. Y yo les digo que nada es totalmente cierto y toda la ficción es verdadera. Realidad y fantasía se mezclan en mi cabeza a la hora de escribir. Aunque la realidad siempre supera la ficción, y esa frase hecha es la pura verdad.

A los quince años volví a cambiarme de colegio. Me entristeció dejar a mis compañeras, pero no soportaba más vivir en un internado, y las monjas no me soportaban más a mí.

Cuarto y quinto año los cursé en un colegio privado, sencillo, de barrio. Seguí siendo buena alumna, también rebelde y malhumorada. Tuve un lindo grupo, buenas amigas y obtuve el título de maestra.

Marita y sus compañeras de 4to y 5to año

Marita y sus compañeras de 4to y 5to año

Ahora les toca a ustedes, ¿cuáles fueron sus experiencias de colegio? ¡Espero que me las cuenten!  

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4 thoughts on “Experiencias de colegio

  1. El jardin y la primaria los hice en una misma escuela, fueron nueve años en un mismo lugar, los campañeros y amigos practimente tambien fueron los mismos.
    Tantos años en el mismo colegio hicieron que me costara dejarlo, no queria, antes me resistia mucho a los cambios, ahora los busco todo el tiempo…
    La mayoria de mis compañeros se anotaron a la misma secundaria, eso estuvo bueno. Con los años algunos fueron desapareciendo porque repitieron, se cambiaron de escuela y otras cosas, pensaba que los iba a extrañar, pero no, los amigos entran y salen de nuestras vidas todo el tiempo.
    Ahora voy a una facu de arte medio hippie que me encanta, estudio cine, y hacer amigos nuevos no fue dificil, yo no soy muy malhumorado que digamos, aunque tengo que admitir que a veces si..

  2. Hasta los 4 años fui a un mismo jardín. En salita de 5 me cambié a otro y seguí la primaria en el mismo colegio. Cuando terminé la primaria entré en una secundaria técnica en química (este año curso el último año). En la primaria no tuve realmente amigos porque todos fingían ser mis amigos para que les pase la tarea. Por suerte en la secundaría encontré un grupo fantástico de amigos y amigas, así que espero que este último año se haga muuuuy largo, porque me va a costar separarme de ellos. En la secundaria, además de muchos amigos, descubrí que la química… no me gusta para nada. Prefiero leer, escribir, dibujar, pintar y soñar despierta (que es todo un arte que me ayuda a hacer todo lo demás, por ejemplo me inspira a escribir).
    En cuanto a la carrera que voy a seguir, todavía no lo decidí porque quiero encontrar algo que realmente me guste para ponerle toda mi pasión y hacerlo con gusto.

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